jueves, 9 de mayo de 2019

¡Las noticias buenas no venden!


Alguna vez he oído por ahí que las buenas noticias no venden. Tal vez tengan razón, pero me gustaría poder escribir en positivo con el riesgo de que nadie leyera estas historias y, a cambio, pasear por el pueblo como sospecho que lo hacen en los países del norte de Europa o en Japón sin ir más lejos: con todo en su sitio y limpio.

Apuesto a que nunca llegará el día en que vea los jardines, de los que tanto nos gusta alardear, cuidados, con el verde a reventar, sin colillas incrustadas en el borde del camino y sin restos de botellas que, cumpliendo con el rito de la borrachera, se rompen en los delirios de fin de semana.

Me he fijado que muchos fumadores tiran al suelo las cajetillas vacías de tabaco sin importarles un pijo que haya una papelera dos pasos más allá. ¡Qué pena!

También me llama la atención la despreocupación que se tiene en desprenderse de los envoltorios de comida: bolsas, celofanes, cajas de cartón, etc. Una vez que se abre ¿para qué sirve algo tan pringoso? ¡Para tirarlo al suelo! ¡Con dos cojones!

Las cosas se degradan, hay que cuidarlas si no queremos que se desmoronen y se conviertan en ruinas. ¡Cuánto me agradaría ver que el Ayuntamiento ha ampliado su brigada de obreros para que los adoquines se repongan sin darles tiempo a que desaparezcan de su lugar; que los escalones de la cuesta del Club Natación se arreglen antes de que las inclemencias del tiempo los fulminen; que los ríos estén limpios! Sí, cuánto me gustaría, pero es tan difícil que eso suceda que no corro el riesgo de anunciar tan mojigatas noticias.

¡Oye, cuánto se escupe en Pamplona! ¿Qué pasa, es el mal ejemplo de los jugadores de fútbol?

¿Quién no ha oído eso de que “las cosas, si breves, dos veces buenas”? Así que no pienso alargarme más por hoy dando la vara sobre cuestiones que existen y que me gustaría que desaparecieran para no poder vender ni una, ni una sola noticia buena.

Hasta pronto.

Bs.