jueves, 14 de agosto de 2014

Yo creo que se trata de hipocresia



Durante el paseo me vienen una y otra vez a la mente las imágenes del director de un colegio de Egipto. El energúmeno, un personaje corpulento, va animando a los temerosos chavalillos para que salgan de donde están refugiados, muertos de miedo por lo que se les viene encima. 

Conforme salen del lugar, el tiparraco les va recibiendo con una sarta de oxtias y termina con una patada en “donde pille”: en el culo, en el costado, en donde sea. Es tal la diferencia de complexión entre el “pegador” y los que reciben que éstos, todos, salen volando despedidos por el aire como consecuencia de la patada del “hijoputa” del director del colegio. Creo recordar que la noticia hablaba de 13 alumnos, así que ya se sabe: 13 manadas de tortas y 13 patadas voladoras. ¡Terrorífico! 

En estos tiempos, en mi tierra, estas prácticas han pasado a mejor vida ¡menos mal! Pero en mi época de estudiante, lo que el otro día vi en la TV era el “pan nuestro de cada día”.
No adivino que artilugios se han instalado en nuestras cabezas para recordar sonrientes las veces que los profesores de toda clase y condición: seglares, curas, religiosos, etc. se empeñaban en introducirnos en nuestros cuerpos “el saber”. –“La letra con sangre entra”- Y nada, venga recibir oxtias con el único fin de meternos las letras a golpe de “chascazos”, tortas, cocas y demás maniobras propias de la educación de entonces.

Sin embargo, cosas de la vida, otra “actividad” propia de entonces también es recordada en nuestros días. Me refiero a cierta “afectividad” que, según he oído por ahí y nunca he sentido en mis carnes era moneda de curso legal. Cualquier día el pobre Papa Francisco tiene que salir en los medios pidiendo perdón por los desmanes que los curas y religiosos han procurado a la chiquillería de buena parte del mundo.

Me pregunto ¿por qué esa doble vara de medir? ¿Por qué tendemos a sonreir cuando oímos las palizas casi diarias que recibían los  cuerpecillos de chavales de 6, 7, 8 años hasta los… (poned la cifra que queráis) y torcemos el gesto ante cuestiones que, muchas veces, tocan de lejos la pedofilia?

Yo, sinceramente no lo sé. Lo que sí alcanzo a notar es un ambiente de beatífica y sonriente resignación ante los golpes que recibimos de pequeños y todo lo contrario para cualquier cosa que huela a cuestión relacionada con el sexo.

Buenas tardes.

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