domingo, 16 de enero de 2022

Maldito frío


 

Supongo que nadie me creería si le dijera que en la mili soporté temperaturas de -20º, pero es verdad. Alguna vez lo he comentado con compañeros de campamento y me han sacado de mi error: no sé, es que estoy hablando en negativo y no sé si más es menos o menos es más. Lo cierto es que llegué a Araca un día de enero vestido con unos pantalones acampanados de color granate, unos pisamierdas y minipull. Pronto empezó a nevar y todo el ropaje me parecía poco. Mi imagen discotequera desapareció y me transformé en recluta repleto de sabañones y preparado para soportar el invierno alavés.


Estoy contando esto porque llevamos un tiempo con un clima asqueroso en Pamplona. Primero vino la lluvia con días y días de visita y nos dejó la ciudad hecha un asco, no sé de quien es la culpa, si del Ayuntamiento y o de la Confederación Hidrográfica del Ebro, lo cierto es que tenemos unas orillas del Arga plenas de porquería. Después llegaron las nieblas y ahora gozamos de temperaturas por debajo del 0 y que llegan a -5º. Los ciudadanos nos vestimos de invierno y nadie se acuerda de lo que era vestirse de bailarín de discoteca, así que tengo casi olvidado el ciclismo y me dedico a andar. Lo malo que tiene esta actividad es que los paisajes pasan muy lentos y me da tiempo a criticar casi todo lo que veo: la basura, los grafitis, las mascarillas perdidas, los gordos que juegan al futbol en la Vuelta del Castillo con la pretensión de quitarse treinta kilos de cordero, gorrín, mazapán y vinos, transformados en grasa.



Ahora estamos en plena moda de mirar mal, ¡sí!, como suena: mirar mal. Las normas dicen que tenemos la obligación de ponernos la mascarilla aunque estemos circulando al aire libre y nos estamos convirtiendo en talibanes de la norma o transguesores, según nos vaya en ella. Si cuando subo una cuesta con 75 empinados escalones llego al final con el corazón en la boca y la respiración sin control, me encuentro con la necesidad de quitarme la mascarilla y arriba está un talibán pasando revista a los que no tenemos más remedio que quitarnos el trapo so pena de muerte, el pollo nos mirará con gesto de desagrado y acordándose de nuestros padres. Si, por el contrario, el que coincide que pasa por el último de los peldaños no es un talibán, sino un chulo negacionista, mirará hacia San Donato con gesto altivo y llevando un letrero en la cara que dirá: eres un gilipollas! Y yo juego al tenis!


Tengo unas ganas terribles de que el tiempo amaine y pueda volver a mi rutina ciclista, no pido mucho, con una temperatura de 10º grados me conformo, de lo contrario me convertiré en un cascarrabias y no quiero; me gusta ser amable y disculpar a todos los pobrecicos chavales que me ensucian la Vuelta del Castillo, que pierden las mascarillas, que rompen las botellas en los carriles bici, que pegan palizas a los desalmados que van por Pamplona de noche, a los que me miran mal y a los que me obvian, quiero, sencillamente, poder andar en bici sin frio.

Bs.


2 comentarios:

  1. Aquí estoy comentando...
    Poco puedo decir a lo que tu dices,
    creo que aparte del tiempo climatológico que no se rije por nuestros gustos, estamos en un momento social incómodo para todos,
    el cual, se percibe si eres observador en múltiples detalles.
    Pero siguiendo en el comentario, creo que no viene mal una pausa a tu
    rutina para volver a ella con más ímpetu si cabe, después de haber tomado contacto con el mundo real.

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  2. Es que antes si que hacia frio , no como ahora.....!!!

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