domingo, 1 de junio de 2014

Debutando en asuntos del running


Recuerdo que los jueves por la tarde teníamos fiesta en el colegio y los pasábamos jugando al fútbol en la Vuelta del Castillo o corriendo por los fosos de la Ciudadela; hacíamos arriesgados ejercicios de “escalada” por las paredes inclinadas de la Selva Gris y cuando el sol hacía un buen rato que se había escondido, regresaba a casa totalmente machacado. Me imagino cojeando y dolorido por la calle Mayor preparándome a recibir la bronca de mi madre mientras me comía el habitual plato de patatas cocidas con pimentón.


Mucho más tarde, con mi cuadrilla de amigos íbamos andando hasta Oricáin para jugar al fútbol. Las mañanas de los domingos tenían un ritual machacón: tras la madrugadora misa, nos dirigíamos a la Rochapea y por Capuchinos ascendíamos el monte de San Cristóbal por su parte menos pronunciada y enseguida Oricáin estaba a nuestro alcance. Después de almorzar en “La Coneja” regresábamos a casa pero era incapaz de seguir más allá de Villava. Volvía a tener el mismo cansancio que durante mi época de escolar.



Nunca me sentí atraído por la actividad andarina; tampoco he hecho la “Javierada” y mi record no alcanza los 25 kilómetros.


Han pasado muchos años, más de cuarenta, y lo que son las cosas, ahora compagino mi actividad deportiva preferida, la bicicleta, con andar a pie. En Pamplona el apartado climatológico es crudo: cuando no llueve mucho, hace mucho calor o mucho frío, según le dé, así que no queda otra alternativa que refugiarse en el olor malsano del gimnasio o salir al aire libre en mi doble vertiente: ciclismo o paseo matinal.



Ya voy por el cuarto año de paseante, no alardeo de ello porque sería presuntuoso por mi parte. Sigo arrastrando todos mis problemas físicos naturales en mi persona desde la niñez, si bien reconozco que he llegado a un pacto de entendimiento con mi cuerpo y el castigo de antaño he logrado domesticarlo un tanto y hasta encuentro placentero salir con buen ritmo por el Paseo Fluvial de la Comarca de Pamplona. El espíritu competitivo que llevo dentro hace que me “pique” con alguna carnaza que divise a lo lejos o que me ataque por sorpresa. Otras veces el paseo me lleva a descubrir lugares o asuntos interesantes para la cámara fotográfica y en definitiva, he encontrado el complemento a la bicicleta.


Seguiremos informando.

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