viernes, 14 de noviembre de 2014

Paseo Fluvial de la Comarca de Pamplona



Si no existiera, habría que inventarlo. No estaba y lo construyeron, lo inventaron. Me estoy refiriendo al Paseo Fluvial de la Comarca de Pamplona. Comienza en donde cualquier vecino quiera; unos prefieren en Barañain, otros en San Jorge, en la Rochapea, por La Magdalena; algunos bajan por la picarra de la antigua gasolinera del Seminario; los de Mendillorri tienen la puerta abierta en Burlada. No hay celos de propiedad en los vecinos de Burlada con los de Villava y Huarte para llegar hasta Iroz. Hay ramificaciones que atraviesan Arre y llegan a Sorauren, otras quieren adentrarse por el río Elorz y no sé si lo consiguen.


Bien, este paseo recoge sin descanso y con humildad los deshechos que los doctores han aconsejado a los pamploneses tirar por la borda. Digamos que se trata de una “ruta del colesterol” cualquiera. No importa que tal o cual día pretenda ser el primero de la clase y me vista de atleta para inaugurarlo ¡no! Es imposible. Siempre está ocupado: unos porque se retiran (los noctámbulos) otros porque se despiertan. Mi amigo Juanjo les suele comentar que “el andar engorda” y debe de ser verdad, pues a las vistas me remito.


La fauna de “okupas” podría enmarcarla en los siguientes grupos: 

Feriantes. Por "sanfermines".
Hortelanos. Antiguamente había muchísimos más, pero siguen existiendo.

-     Korrikolaris. Atletas que hollan sin piedad el resistente cemento o el agradable verde de la hierba.

-    Ciclistas. Chirrindularis que se refugian en la cercanía de sus casas en los días en que la lluvia amenaza.

-    Marchadores.  Gente que, solos o en pequeños grupos, mantiene su buena forma física oyendo música o poniendo el mundo en su sitio.

-    Marchadoras. Personas que, a diferencia del grupo anterior, son del género femenino y hacen exactamente lo mismo que los masculinos, pero son perfectamente distinguibles unos de otros.

-     Perros. Animales de toda clase y condición que, acompañados de sus dueños, olisquean las hierbas en busca de territorios perdidos.

-    Sexagenarios. Personas que, a buen paso, buscan el siguiente retrete para descargar su urgente necesidad.

-    Escolares. Alumnos y profesores con ganas de aprender y de enseñar que los árboles son dignos de respeto, que las hierbas tienen su nombre, que unos animalillos huyen asustados y otros vuelan con desparpajo.

-     Buscadores de tesoros. ¡Sí! buscadores de cualquier fruta silvestre que el camino regala a quien lo quiera recoger.

-     Celebrantes. Gente con ganas de reunirse y, de paso, almorzar, comer, merendar y cenar.

-  Pescadores. Deportistas que pescan simples pececillos de río, pertrechados como si acudieran a la captura del atún rojo cuan vulgares almadraberos se tratara.

-  Peregrinos a Santiago. Gente despistada que deja de lado su camino natural para aventurarse en nuestro lugar.

-      Profesionales. Trabajadores al cuidado de las abundantes praderas.

-     Gimnastas. Ancianos que hace tiempo han amortizado las instalaciones de los parques de gimnasia que antiguamente se instalaron.

-    Remeros. Otra clase de deportistas que, a diferencia de todos los anteriores, prefieren adentrarse en las aguas del río Arga y… remar.

-    Pelotaris. Deportistas que aprovechan el frontón de la Biurdana para jugar a pelota sin descanso.



-       Fotógrafos. Artistas de la fotografía que florecen sin cesar.




Es probable que me haya olvidado de alguno, pido disculpas y, por favor, hacédmelo saber y lo corrijo en un momento.


Hasta otra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario