martes, 11 de noviembre de 2014

Yo debato, tú debates, él debate, nous débâtons, vous débâtez, ils débâtent.



Yo distinguiría 4 ó 5 cinco modelos de programación de la televisión: los noticiarios, las series norteamericanas, las retransmisiones deportivas, una nueva moda relacionada con el sector inmobiliario (compra/ventas de casas, reconstrucción de la compra adquirida, problemas de infraestructuras, etc.) y el campeón de campeones, el número uno de los programas de la radio y la televisión ¿no lo adivináis? ¡sí hombre, sí! ¡Los debates!

Dejo de lado cualquier programación relacionada con el “cotilleo”, con el “cuore”, con todo aquello que sirve para despellejar a una incauta a costa de decir: “dame pan y dime tonto”. Los debates a los que me refiero están relacionados casi siempre con el deporte, digo fútbol, y con la política. En estos momentos “la política” es la reina del cotarro; es tal el volumen de materia prima que resulta lógico que esta clase de programas florezcan y se enseñoreen de las parrillas de todas las cadenas televisivas.

Recuerdo un pasaje de la novela Papillon en el que el protagonista, en una de sus fugas de la cárcel, descubre un campamento de prisioneros en el que pegaban a los presos por divertimento, sin motivo alguno. Habían llegado a tal punto de asunción de los golpes que eran ellos mismos los que provocaban a los guardianes para recibir la correspondiente ración de oxtias. 

Algo parecido sucede con los debates políticos: es tan continua la aparición de casos de corrupción política, que llevamos mucho tiempo que ya no hacen mella en el personal; nos hemos acostumbrado como el burro a los palos, como los prisioneros del campo de concentración en la novela Papillon. 

No obstante, estos programas me siguen maravillando en un sentido: todos los tertulianos tienen razón. Da lo mismo que seas de izquierdas, de derechas o de centro. En un debate de una o dos horas ningún interviniente convencerá a otro; ningún político, periodista, abogado o ama de casa se saldrá del guion establecido y para el que le llaman todos los días de un sitio o de otro. En realidad se trata de un diálogo de sordos.

Pues sí, soy un seguidor de esta clase de programación y me centro, casi en exclusiva, en el que emite “La Sexta” al mediodía con el título Al Rojo Vivo; a eso de media tarde, otra vez “La Sexta” con Más Vale Tarde y, después de cenar, “La Noche de 24H” en TVE. ¡No, no los veo todos! Digamos que les echo una ojeada, picoteo de ellos mientras hago otras cosas; sin embargo, casi siempre, me asalta una idea y es aquello que decía aquel: “sólo sé que no sé nada”. A veces me quedo asombrado del verbo fácil que tienen algunos de los tertulianos, de la manera fluida que manejan para exponer su doctrina y es entonces cuando caigo en la tentación de darles la razón; no tengo la menor duda de que, como los antiguos charlatanes de las ferias, me acaban de vender un elixir que terminará con mi dolor de muelas con la primera dosis del brebaje. Es entonces cuando el de “enfrente”, el opuesto tanto en el lugar geográfico de la mesa como en las ideas, tendencia o partido, interrumpe al anterior y suelta su aletargante discurso; discurso tan bien elaborado como el que acaba de soltarme León Salvador (antiguo charlatán en los “sanfermines” de mi infancia) y que termina por convencerme de que mi anterior compra no sirve para nada: quien vende la pócima ideal es éste, el descubridor y nuevo amigo de Pokemon.

Me quedo asombrado de lo inamovible de su discurso, de lo bien que saben defender ideas totalmente opuestas a todo; difícilmente alguien opinará como otro: si son seis los intervinientes, habrá seis opiniones o sermones distintos.

Ahora recuerdo aquellos sermones que, hace tantísimos años, soltaban en la iglesia de Santo Domingo. El templo estaba abarrotado de personas asustadas que escuchaban atemorizadas a un dominico vociferante. Todos quedábamos enterados de lo que nos esperaba si seguíamos por la senda del mal. Tal vez los nuevos dominicos sean los tertulianos que analizan la situación actual del País, los que, a diferencia del resto del personal, saben en todo momento cual es la solución a todos los problemas. Yo lo dudo, es tan continua la colección de escándalos, de robos, de pufos que creo que no hay actualmente un dominico que sepa guiar a esta pandilla de borregos (nosotros) ante semejante cuadrilla de ladrones e ineptos con los que nos toca convivir.

Yo me doy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario