Lo recomiendo, si todavía hay
alguien por ahí que no conoce el poema de Mario Benedetti “Los formales y el frío”, que lo busque en internet y que lo lea; si
además le gustara oírlo en forma de canción, Joan Manuel Serrat hizo una
versión, como todas las suyas, extraordinaria.
¡Pues sí! la noticia estos días
es el frío. Me imagino que los habladores
de los ascensores tienen una mina para matar el interminable trayecto de
bajada o de subida entre los pisos de sus casas.
Me obliga a modificar mis
aficiones y, en los últimos tres días, acumulo tal cantidad de kilómetros a pie
que, a estas alturas, en el caso de estar caminando hacia Santiago seguro que
habría rebasado La Grajera camino de
Nájera.
Es fácil descubrir que este
fenómeno apacigua a las fieras. Los
alrededores de mi pueblo están más solitarios que de costumbre y los cuatro
chalados que nos atrevemos a desafiarlo corremos el riesgo de que nos llamen la
atención por ir embozados, asomando apenas la nariz.
Sin darme cuenta de nada, de
manera automática, adecúo mi paso al ritmo que marca la canción siguiente y el
paso se vuelve rápido, machacón, no hay piedad con aquel atleta que hace un rato
me había dejado atrás: ¡Ojalá me toque otra de este estilo en la picarra del
Seminario! Es ideal para subirla como dios manda.
Hace tres horas que estoy andando
y me meto en la ciudad, mi pueblo, y tranquilizo el ritmo; me distraigo con
cualquier cosa: coches, escaparates, periódicos que reclaman la destitución de Carlo,
pedigüeños que suplican con un cartel. Decido llegar al barrio por la Vuelta
del Castillo donde, sin dudar, me encontraré con el acordeonista más trabajador
del mundo y fiel a su partitura favorita: La
Distancia, de Roberto Carlos. Tal vez el intérprete sepa la canción entera,
no lo sé, es posible que tenga la mala pata de llegar a su lado justo cuando
arremete con el trocito que, día tras día, mes tras mes, año tras año, coincide
con mi llegada. Si el asunto de los “derechos de autor” rigiera con el canon
establecido por interpretar obras de los demás, el amigo Roberto Carlos estaría
nadando en la abundancia que le proporcionaría el artista y su pertinaz A Distancia.
Hasta pronto.
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